miércoles, 14 de noviembre de 2012

Una angelita que ya voló al cielo gatuno.

Ronéame al oído y lámeme la nariz desde donde quiera que estés...desde aquí yo te sentiré.
Esa dulce carita...esa mirada traviesa...por eso te decía bicho...y es que eras un bicho.

                                   

Y es que no me salen palabras para hablar de ti "mojona", como yo te solía decir. El mundo no es justo...y tú has pagado por todos.

 

Que la mente no lo percibe, no lo contempla, no lo asume y el corazón lo llora, y el llanto no acaba porque no hacen falta lágrimas para llorar con el alma. 


 Un corazoncito tan blandito...tan limpio...tan achuchable...



Ese brillito en la mirada...es que es imposible de olvidar...imposible borrar esa sensación cuando me mirabas


Tan pequeñita, tan peludita, tan adorable,...tan fácil quererte y tan difícil superar que ya no estés.


 No puedo evitar acordarme de cada uno de tus lametazos espontáneos...con esa lengua-lija como yo te decía...eras tan pequeñita...sólo ocho mesecitos...y hemos pasado tantos y tantos momentos juntas.



Tú no me olvides chiquitita...para mí es imposible no recordarte. Te has incrustado en mi corazón...y eres una parte importante de ese puzzle que algunos llaman vida...ya no...ya no podrás salir de ahí.

                        

Porque me transmitías paz, porque eras un torbellino de alegría que lo llenaba todo a su paso. Porque me sacaste una sonrisa cuando nadie pudo.

Esa sobriedad en tu pose y esa gracia al moverte. Esas ganas de vivir y de querer a todo el mundo que ya sólo tendremos en el recuerdo.


Esos "besito,besito,besito" que aprendiste a dar y con los que lamías a todo el que se prestaba, demostrando que lo arisco de los gatos sólo lo define la persona que los quiere y mima.

Esa compañía mientras estudiaba, durmiendo encima de mis apuntes o comiéndote mis rotuladores.


  


Cada besito, cada lametazo en la nariz con esa lengua rasposa, cada mañana a las 6'30-7'00 cuando venías a despertarme roneándome al oído y lamiéndome la nariz para que te acariciase...y entonces te quedabas tranquila dormida en la almohada, con tu cabecita suave y peluda echada sobre la mía. 

                         


Y es que así eras tú...un angelito peludo que bajó a la tierra para hacernos felices los días que se nos ponían en contra.















Ay chica! Si fuese posible...si existiese la manera de que volvieses. De achucharte de nuevo cual cojín. De que te enroscases a mi lado tranquila, descansando mientras yo trabajaba con el ordenador. Si sólo hubiese una posibilidad...créeme que haría lo imposible para que volvieses.


Si nunca has convivido con un ser diferente a una persona, probablemente no entenderás la fuerza del amor con ellos, el sentimiento tan inexplicablemente cómplice cuando os miráis,...

Lo entienden todo, ¿sabes? 
Jamás te juzgan, jamás se enfadan y si lo hacen se les pasa con una caricia, jamás te reprochan...sólo saben dar cariño y amor y ¿a cambio? Un poco de comida y sentirse queridos...sentirse uno más.

Es tan fácil amarlos y tan difícil hacerse la idea de que no están. Ni un añito pudimos hacerle feliz, pero sé que fue feliz, yo al menos puse todo mi empeño en ello.

Ronéame al oído y lámeme la nariz desde donde quiera que estés...desde aquí yo te sentiré.

Cuídame donde quiera que estés, como cuando estaba mal y venías a acompañarme.
Mímame desde tu nubecita en el cielo, como cuando me acariciabas y contoneabas tu cuerpo en busca de un achuchón.
Déjame sentir cómo me lames la nariz cada noche...para que pueda soñar contigo...para que te tenga presente...como cuando estabas aquí.

Te quiero pequeñita.  



No hay comentarios:

Publicar un comentario