viernes, 12 de abril de 2013

12 de abril. Dos estrellas más para brillar.


No, no es justo.
No por mí, sino por todo. 
No es justo que os vayáis...
aunque hayáis hecho en una vida más bien 
del que la mayoría podríamos hacer en siete vidas que nos regalasen, 
no es justo.
No quiero.

Hoy hace dos meses que nos miras desde mucho más arriba abuelito,
hoy hace dos meses que no me acostumbro a no verte,
hoy hace dos meses que no me acostumbro a pensar en ti en pasado,
hoy hace dos meses...de todo aquello.
Hoy hace dos meses de aquel último beso en la frente 
y casi tres de aquel día en que me miraste a los ojos y acariciaste mi mejilla.


Hoy, esta mañana, hace unas horas,
ha muerto Enrique Vargas.
Y qué más da el nombre, todo él era alma.
Un salesiano como es difícil encontrar,
una persona como jamás podréis conocer.
Fue maestro de mi padre, más de la vida que de alguna asignatura,
casó a mis padres, nos bautizó a mi hermana y a mí, y también nos dio la comunión.
Un salesiano de los que Don Bosco pondría como ejemplo.

Pero lo que más valía tenía de él no lo puedo explicar, 
su mirada, su pellizco en la mejilla, su "¿y mis niñas?",...

Y desde hace unas horas nos mira desde el cielo.

                                   

No es fácil esto, 
no es fácil ahora, 
no creo que fuese nunca.

Dije que el 2013 iba a ser mi año, 
pero no,
no soy adivina,...
ni quiero serlo.
El 2013 me está haciendo madurar a golpes,
a golpes en el alma, de esos que duelen, 
de esos que una vez pasan te hacen crecer,
aunque se lleven muchas lágrimas para aprender.

Doy gracias por haberte dicho anoche adiós, Enrique,
y haberte besado la mejilla, una vez más de tantas,...
de tantas que ya no se repetirán. 

Descansa ahora, Enrique. 
Te lo mereces. 

Déjate abrazar por tu adorada Auxiliadora.


Hasta pronto, una vez más, abuelito.
Hasta pronto Enrique.

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