martes, 29 de septiembre de 2015

Agotamiento

Hace mucho que no escribo, quizás demasiado.

Momentos buenos y malos en todo este tiempo, y otros que ni lo uno ni lo otro.

Ahora, hoy, no escribo. Vomito. Hoy necesito vomitar los sentimientos sin la criba del pensamiento. Hoy los dejo correr del corazón a los dedos. Hoy los voy a parir sin anestesia, sin paliar daños ni frenar perjuicios.

Hoy el mundo no es justo. No para mí. Ni para muchos más. Siempre hay gente que está peor, siempre hay quien pasa necesidad. Siempre hay guerras. Siempre hay enfermos. Siempre hay personas muriendo. Siempre.
Pero hoy no. Hoy no me vale la solidaridad que la moral nos obliga a tener. Hoy no.

Hoy soy yo. Llena de frustración. Plena de decepción. Hoy el mundo me da un revés. Con la mano abierta y sin avisar. Hoy todo el esfuerzo se arruga y se tira a la papelera, sin opción a reciclar.

Hoy no me odia el mundo, hoy lo odio yo a él. Hoy no me mires a los ojos porque sólo verás lágrimas. Hoy no es justo.

No ha muerto nadie. No ha enfermado nadie. No me ha abandonado ninguna persona importante. No.
Es otro tipo de dolor. Es el dolor de la decepción, de la frustración. De haber perdido vida sacrificándola por algo y al final no obtener nada. El rencor contra esas horas que gasté intentando ser mejor y que ahora no valen nada.
Estas lágrimas no son saladas, no. Estas lágrimas son ácidas. Dañan allá por donde pasan dejando un surco de grito desesperado.

Hoy no. Hoy no hay consuelo. Hoy no hay hombro que me sirva de apoyo ni mano que seque mis lágrimas. Hoy están, como siempre, pero no me sirven. Porque hoy no hay consuelo. Hoy sólo hay dolor.

No hay palabras bonitas, ni sueños por cumplir, ni futuro para soñar. Hoy no.
Soy un agujero negro, lleno de rabia y frustración, de decepción y dolor. Negro, sin color ni ilusión.

Qué triste se está aquí, en la decepción total, en la frustración con uno mismo. Qué oscuro es esto y qué poca luz entra por debajo de la puerta. Qué pena tanto trabajo, tanto, para nada.

Hoy el esfuerzo no vale nada. Hoy no hay consuelo. Hoy me marchito, pétalo a pétalo.
Hoy no hay estrella, ni fuera ni dentro.
Hoy sólo queda un pellizco grande, que duele.

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