Vivo enredada.
En sueños
entre tic tac de relojes
en tareas pendientes
en nuevas ideas
en exprimir las horas
enredada.
Se me ocurren un montón de tareas que podría dejar de lado
para no madrugar
para no ir a todas partes corriendo
para dejar de lado la alarma del móvil
para ir al gimnasio tranquilamente
para sentarme en un banco a ver las horas pasar
y comer pipas hasta las tantas
o ver la tele pasando de canal en canal hasta que algo me entretenga
para pasear mirando a la nada
para dormir a pierna suelta sin pensar en el despertador
para quedarme en mi confort...sin preocupaciones.
Dejando que mis pájaros echen a volar...hacia otras cabezas donde anidar.
Pero ¿dónde estaría yo?
Pobre de mí.
No podría caminar en este mundo sin mis pájaros revoloteando y ayudándome a soñar...qué va.
Necesito volar con ellos al siguiente escalón mientras que voy subiendo este con los pies en el suelo.
Ellos me ayudan a acostarme cada día pensando que algo ha cambiado y que mi granito estuvo ahí para hacer esa duna.
Buscar cada día en el mundo una simple sonrisa, una chispa de alegría y color; algo por lo que levantarme al día siguiente confiando en que todo irá a mejor y yo seré parte del algo que lo provocará.
Aquí sigo...
enredada en todas las hojas de los árboles que me verán crecer y marchitar con cada amanecer y cada anochecer.
Enredada en todos los sueños que construiré
y los que dejaré pasar para alcanzar otros mejores.
Enredada en mil ideas.
Enredada como sinónimo de identidad.
Sigo sin saber qué responder cuando me preguntan por qué hago tantas cosas...por qué no me quedo tranquila en casa,... será que soy así.
Será que sólo sé vivir enredada.




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